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Resumen
- 07/06/2009 23:17 - El carro quemado
- 21/06/2009 22:51 - El plan “B”
El carro quemado

¡Cómo me identifico con la visión de Rafael Osío Cabrices! Esta nueva entrega en su habitual columna “La vida sigue” de la revista “Todo en Domingo” del diario El Nacional, es una estupenda revisión de un acontecimiento que tiene un significado central, específico pero también revelador y casi premonitorio. Por favor, léanlo y reflexionen al respecto…
“Amaneció allí como una advertencia, cómo la cabeza del cerdo en el señor de las moscas. El carro asignado a una de las autoridades de la UCV había sido robado a punta de pistola y luego conducido como una antorcha hacia la puerta del Rectorado, en la víspera de la marcha universitaria del 20 de Mayo. Quemó el techo y las paredes, rompió puertas, dañó mosaicos y quedó allí consumiéndose junto a un mural del maestro Vigas. Flanqueado por tiras de seguridad amarillas, decenas de personas lo miraban y lo fotografiaban mientras el personal de la UCV recogía los destrozos. Cerca, varios jóvenes chavistas se dedicaban a insultar a todo el que pasaba por delante.
Un símbolo. Un poderosísimo símbolo de lo que nos pasa, con muchas manifestaciones. La camioneta que abunda en las fachadas de los restaurantes de carne es un emblema de nuestra más reciente bonanza petrolera. A mí me intriga desde hace tiempo la relación que muchísima gente aquí tiene con los carros: tipos que quieren más a sus vehículos que a su mujer o a sus hijos, que están mucho más preocupados por poseer un carro ostentoso que una vivienda cómoda. El carro es una fortaleza de individuos paranoicos en las colas, o la vitrina móvil de un ego desesperado por llamar la atención con su reguetón a todo volumen.
Su exceso en nuestras calles crea innumerables ocasiones para la tensión y la confrontación, así como el tráfico agrega estrés, aleja a la gente de sus familias, y le quita tiempo a sus de descanso; el dónde estacionarlos es una eterna fuente de conflictos vecinales; y es en los carros, muchas veces, donde cada nuevo episodio de ese horror que es el secuestro comienza y termina.
En un sentido relacionado con estas evidencias de lo que el automóvil dice sobre lo que somos, ese carro quemado y lanzado contra el rectorado de la mayor universidad de Venezuela, ese carro usado como un arma, emerge como un símbolo de la compulsión chavista por imponer su voluntad a cualquier costo, costo generalmente asumido por los demás. Los que robaron un carro ajeno y lo estrellaron contra un edificio público. Igual que hicieron el 9 de Junio de 2005, cuando el CNE anunció que sí había referendo revocatorio presidencial, y los grupos de choque chavistas chocaron una camioneta robada contra la reja del edificio en que se imprimía esta revista. Igual que hicieron el 4 de Febrero de 1992, con un blindado, contra una puerta del Palacio Blanco.
Roban algo y lo arroja contra una puerta, pero no terminan de lograr lo que quiere. Sólo causan daño y asco. Ese día no impidieron la marcha universitaria, cómo aquella tarde de 2005 no lograron que El Nacional dejara de circular, como aquella madrugada de 1992 fracasaron también en tomar el poder. Pero no dejan de insistir mientras la gente honrada y valiosa que aún apoya a Chávez sigue haciendo silencio.
Esa imagen del carro quemado del que debe ser nuestro mayor espacio civilizatorio, la Ciudad Universitaria que fue nombrada patrimonio cultural de la Humanidad por la UNESCO, se ha estado regando de celular en celular. Dice más que cualquier análisis sobre lo que tenemos por “gobierno”. Es una mancha negra de la civilización venezolana. Una mancha que hay que lavar.
El plan “B”
Lo ves en tu Facebook, lo sabes porque tu mamá se encontró a la de Perencejo y se lo dijo, lo miras en las estadísticas, lo sientes en el ambiente. Todo el mundo parece hablarlo, es como una estrategia silente pero latente. Está allí, sin necesidad de unión ni de traumas. Ves las colas enormes en las embajadas, en los consulados. El pasaporte, la visa, la nacionalidad europea.
Emigrar es el tema.
Es un tema nuevo y no tanto. Desde hace al menos dos décadas y especialmente tras los sucesos de 1989, varios venezolanos comenzaron una idea silenciosa. Presumían que los caminos a transitar serían pedregosos e innecesarios y marcharon de la patria. Vienen de vez en cuando y te dicen palabras más o menos “Menos mal que nos fuimos”
Pero la realidad, es que tras el 2002, una cantidad realmente considerable de venezolanos se han ido o están en trámites para abandonar el país. Sería interesante conocer cifras fidedignas pues cuando leo en la prensa mundial el tema de los flujos migratorios de América Latina, no suelen salir reseñas sobre cuantos venezolanos se van o bien, se entiende que no tanto como colombiano, ecuatorianos, peruanos y otros. Esto me parece curioso, dado que incluso quienes viajan a estos países se sorprenden de cómo han evolucionado comparativamente a nosotros.
Y este es otro tópico aparte: Sales de tu país y regresas con una pesadumbre tremenda porque allá afuera, encuentras seguridad, nuevas vías, limpieza, tranquilidad, normalidad y desarrollo en todo sentido.
Entonces viene el balance de riesgos, de posibilidades, de decisiones. Analizar el perfil de probabilidades de adaptación, determinar si eres de los que no soportarán vivir sin comer queso de telita, arepa o una malta. Si necesitas mirar el Ávila cada mañana o te da lo mismo hacerlo con los Alpes o sin montaña alguna.
Cuando haces el balance de lo bueno, tienes que recurrir a muchas naderías. Que si nos tratamos de “Pana” de “chévere” de la belleza de la mujer venezolana (Porque afuera lo que hay es puro monstruo) de las idas a la playa, y lo chévere que es comer tequeños y bailar reggaetón o ir a un Caracas-Magallanes.
Pero entonces, algún “apátrida” te recuerda que ni teniendo un Aveo de hace 5 años dejas de ser objetivo para un “secuestro expreso” que puede terminar con tu muerte. Que debes vestir sin lujos (y aun así te atracan) que el SENIAT te persigue no importa si estás al día, que haces 4 horas diarias de cola en Caracas recorriendo piches 20kms, que cada día nadie parece saber nada ni importarse por nada, que solo te queda un canal de TV estresante que te informa de verdad –y que para remate- será cerrado.
También pillas que las fotos de tus conocidos, familiares y amigos en Miami, Barcelona o Bogotá se ven muy bien, que parecen estar relajados y que llevan una vida totalmente plácida.
Mientras; debes soportar que mientras escuchas U2 a todo volumen para olvidarte de la cola, Chávez aparezca en cadena anunciando el plan de magnicidio 2344. Debes estar pilas con no cruzarte porque si viene un motorizado a 200kmh y se estrella contra ti, te darán una tunda como si hubieras intentado asesinar a Obama y de paso, tú serás el culpable.
Eso sin contar la máquina de rumores que hablan de que te van a intervenir la bodega, la empresa o el curul, que tus hijos serán de ellos, que tu casa también y muchas cosas más serán apropiadas. Que fuiste a comprar al supermercado y la mitad de las cosas no las había, que te encaprichaste de un celular y subió en 24 horas 2milb BsF. Que te clonaron la tarjeta de crédito y el banco lo declara “Improcedente” y que quieres comprar un carro cualquiera y aparte de que no hay “aparece” si lo pagas al equivalente de la tercera parte de donde vives. También si vas al banco encontrarás una cola con 200 personas adelante, y harás esa cola para casi cualquier cosa. Y ni que decir de palabras como “calidad” “servicio” “atención” derechos” “imparcialidad” “justicia” “democracia” “Pueblo” “respeto” algunas no existen, otras… Se transformaron en cualquier cosa.
Entonces, tienes que finalmente sacar cuenta y balance. O aceptas todo esto y luchas por cambiarlo, o te amparas en lo bueno y trabajas incansablemente para conseguir lo posible y disfrutas de ese día en donde verdaderamente todo comience a cambiar, o sencillamente te apartas, te marchas y aceptas que solucionarás muchos problemas para crear otros tantos nuevos. Es increíble, pero cuando en la década de los 80, escuchabas a tu padre que es un inmigrante “de emergencia” decir que aquí la cosa todavía estaba mucho mejor que “allá” entonces te pregunta ¿Será que en retrospectiva te tocará decir lo mismo algún día?
Saludos

