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Rubenvirtual... Bitácoras del pensamiento

El dificil arte de hacer silencio

El dificil arte de hacer silencio

¡Silencio!  Esa expresión fue sin duda escuchada con el rigor de una voz alta, hastiada, cansada y de autoridad (O autoritaria) según el caso. Bien podía ser mi un padre o un maestro o profesor. Hoy día, como la entiendo. Tengo la sensación que de los muchos males de inconvivencia que nos aquejan uno de ellos es justamente la propensión a generar ruido y más ruido sin una razón aparente…

Estoy mudado transitoriamente a casa de mis padres como muchos saben. Viví aquí 27 años de mi vida y aun regresando y con alrededor de un mes durmiendo en mi cuarto, extraño el insólito silencio en el que vivía en mi anterior hogar.

Insólito, porque la tendencia generalizada es el ruido. Autos, ambulancias, buses, música a todo volumen, cornetas, escapes libres, gente que se llama de un lado a otro a punta de gritos destemplados. ¿Porqué será?

Mi problema no es que se genere el ruido, mi observación es que se genere el ruido innecesariamento. Si yo hago ruido, lo hago con mi tono de voz agudo y alto y mi don de conversación extenso, lo reconozco. Pero en general,  intento llegar o irme de un lugar de manera callada, toco corneta en casos extremos en el tráfico (Y cuando lo hago, evito dejar pegada la mano, doy más bien varios tatareos breves y consecutivos)  lo mismo con la música: Me encanta el Rock y escucharlo a volumen dejaría impávido a cualquier reguetonero. Pues bien, lo hago en la intimidad de mis audífonos o cerrado en mi auto.

Le busco y le busco respuesta a situaciones cotidianas como el corneteo de los autobuseros para saludarse cada vez que se ven, al increible nivel de ruido en centros comerciales, en los cines, por los altavoces de los cines, por la quintomundista manera de hacer campaña electoral con unos ordinarios y dantescos parlantes vociferando promesas insulsas, por los que en la playa ponen a todo volumen al conde del guacharo y se rien mil veces de sus idioteces, por aquellos que abren puerta y reja de casas y apartamentos para dejar sonar a Ruben Blades o a Wisin y Yandel por horas (¿Para que la música salga, para que se sepa de la potencia del equipo o para enviar el mensaje de que quiero que todos se calen y escuchen lo que a mi me gusta?) Ni que decir de hoteles y “Resorts” en donde una piscina con un “karaoke” es sinónimo de diversión y ¿Descanso?

Está claro que los volúmenes elevados son sinónimos de emociones, de entusiasmo, de graderío. Se entiende el despliegue –Yo lo hago- un 31 de Diciembre, en un concierto, en una fiesta, en un acto de graduación, en fin; En determinados momentos de liberar y liberar adrenalina y alegría. Pero vivir constantemente generando ruido sin necesidad explícita me parece una razón adicional para tildar a esta sociedad de frívola, egoista, irresponsable y ordinaria.

Repetiré aquello de que… el silencio es cultura y convivencia. El ruido es desorden e inconvivencia.

 

Salu2

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