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Rubenvirtual... Bitácoras del pensamiento

3137Kms rodados en Venezuela (1)

3137Kms rodados en Venezuela (1)

Teníamos compromisos acumulados y muchas ganas de desconectarnos. Asumimos el reto en un auto dos puertas –Lejos de lo ideal para estos viajes- con un bebé de 16 meses y la confianza en el resguardo de Dios. He aquí nuestra experiencia.

 Trabajé hasta el 24 de Diciembre inclusive. No recuerdo en años haber hecho algo similar. El 25 fuimos a cumplir compromiso con la familia de mi padre y el 26 de Diciembre a eso de  7 y tanto de la mañana enrumbamos al occidente del país, concretamente Cabimas, Estado Zulia.

Lo mas “occidental”  que habíamos llegado era al inicio del estado Falcón en las muy concurridas playas de Chichiriviche y sus respectivos cayos. Hablamos ya de 10 años atrás.

Tras escasos 50 minutos de viaje, detuvimos la marcha en Turmero estado Aragua para dejar cumplido el “aventón” a mi tía Luisa en su hogar. Habremos demorado la ruta unos 15 minutos.

Seguimos entonces. Pasamos Valencia y me percaté de cuan congestionado está este país pues era imposible sostener una velocidad de 120KMH fijos. Hace unos 15 años era menester rodar cómodamente a velocidad de crucero superior pero el tránsito de muchos particulares y carga nos obligaron a ir a marcha calmada.

2da parada; Salida de Valencia, enfilando a las Trincheras. Bomba de gasolina en pésimas condiciones (Baños de asco) y mucho trajín turístico. Refilamos gasolina y seguimos el viaje.

Como es conocido por todos, la vía de las trincheras es una pendiente rápida, tremendamente irregular y con montañas que siempre desprenden derrumbes de grandes rocas y piedras. ¿Las señalizaciones? Colchones y cauchos. El ritmo por esta vía es irregular, gente que va refrenada de manera exagerada y otros locos demasiado aprisa.

Ya en Puerto Cabello, me di cuenta de dos detalles; Pude enfilar por Nirgua vía campo de Carabobo y no tomar esta ruta costera.  Pero ya hecho, asumí la lentitud de pasar la zona como también de conectar Morón. Ahora mismo, me arrepiento de no tomar foto de los rieles de los otrora trenes que están en esta localidad desordenada y mas adelante antes de tomar la autopista de centro occidente.

Entre Morón y la mencionada vía, es una carretera en relativa buena condición, no tan lenta y con mucho verdor.

Se llega entonces a la mejor ruta del recorrido, la mencionada autopista centro occidental, una vía rápida aunque me tocó húmeda al principio –y bien húmeda- por este raro clima que insiste en mojar la geografía en Enero. Se forman pozos con facilidad y es necesario bajar el ritmo que de otro modo no presente mayores problemas en que sea bastante rápido.

La primera impresión negativa de todo este viaje: Un cadáver a plena 11am estimo yo en el hombrillo, semi desnudo. Pensé que era un Chivo o un perro muy grande pero el declive del ritmo de un auto me hizo escudriñar rápido la zona y confirmar el macabro hallazgo visual ¿A que hora habrá ocurrido y a cual lo habrán levantado? Vaya uno a saber en este precario país.

La ruta se secó pero no apretaba mucho el paso porque la vía me era desconocida totalmente. El verdor de los valles de Yaracuy es digno de destacar. Mi esposa e hijo durmieron un buen rato.

Se llega entonces a Barquisimeto y se toma la “Avenida Circunvalación” excelente ruta que evita pasar por el centro de la ciudad crepuscular. La panorámica además es gratificante. Ojala y copien algo así para Caracas. La vía es rápida y tras atravesar de punta a punta su ejecución en medio de tramos algo áridos y distribuidores inconclusos, se apuntala a Carora, una región que me suena a chivos, aridez mezclada con paisajes verdes, excelente queso y venta de artesanía y ollas de aluminio de otra era. Es muy extenso superar Carora, la vía no es peligrosa pero sí bastante irregular, baches, señalizaciones no muy amplias y una sensación de estar rodando como al infinito.

Por fin viene la conexión con la Carretera Lara-Zulia.  Una vía de dos canales en ambos sentidos, irregular, con ascensos, descensos, curvas de cierto reto y mucha irregularidad en la vía. Me pareció desagradable y poco fiable rodar y de paso, lamentable que dos grandes estados Venezolanos se unan por esta carretera simplona y anticuada. Me debo detener a comentar que mi auto llegó con daños menos en su parte baja (El Yaris es muy bajo) a tenor de los inauditos “policías acostados” que aparecen en cualquier tramo, especialmente acercándose al estad Zulia y probando cuan tercermundistas son nuestras vías. Son aparte de altos, irregulares y la mayoría sin advertencia previa. Se colocan, supongo para dar la razón a los habitantes que llegan DESPUES a esta vía. Es un mal endémico en todo el país, se toman medidas exageradas para dar la razón a las masas en descontrolado crecimiento.

Tras rodar unas tres horas, nos detuvimos en una estación de servicio llamadas “Los pinos” en donde el bombero de gasolina me dijo que en “Hora y pico” llegaba a Cabimas. Este lugar es parada obligada tras largos kilómetros sin encontrar mayor cosa. Un gentío enorme, arepas insalubres, sensación de inseguridad, pobreza, ruido y quesos de buena calidad es lo que nos rodea. Finalizamos la parada de unos 30 minutos. Seguimos.

Llegar al Zulia es avisado de manera notoria. Lo que ocurre es que hay que dejar atrás varias zonas antes de llegar a Cabimas (Ciudad Ojeda, Bachaquero, Lagunillas). Tras la orientación de nuestros anfitriones vía telefónica, arribamos tras una perdida en plenos Cabimas. La recepción de la ciudad no ha sido gentil: Huecos, baches, suciedad. Todo lo que no esperas de un lugar en donde el Petróleo de casualidad no sale por los grifos de los lavabos.

Allí, finalmente llegamos a la bellísima casa de la familia Castagnetti-Leal, gente receptiva, hospitalaria, de excelente humor y gran compenetración familiar. Sus tres hijas (María Paola, María Grazia y María Alexandra) nos hicieron aun más plácida la estadía. La casa tiene un diseño muy americano y tiene amenidades como una piscina, aire acondicionado central y una especie de centro de entretenimiento multimedia que integra audio-video-internet de una forma indescriptible. No podría ser otro el responsable es mi amigo Enrico, un ferviente amante de la tecnología, computación y la vida a todo gas en cuestiones tecnológicas.

Los tres días pasaron genialmente: Entre el ambiente de mis clientes, los desayunos, almuerzos y cenas,  asistir al servicio religioso del que son partícipes y el infaltable paseo a Maracaibo, con el puente sobre el lago y unas vuelta por el centro de la ciudad y otros lugares típicos. Del mismo modo, luego nos tocó una singular cena en un lugar en donde los patacones que dan fe a esta foto que acompaña estas líneas, nos dejaron muy satisfechos.

Llegó el día del retorno con mi satisfacción personal en conocer a algunos clientes que no había tratado personalmente gracias a las referencias de Enrico. Tras agradecer sus atenciones, nos fuimos con el Yaris tan recargado de peroles como cuando llegamos.

En esta oportunidad, fueron 7,40horas lo rodado. El clima fue más benévolo y la vía estaba menos transitada en general y yo tenía más confianza en profundizar la velocidad. En Carora compramos queso de cabra y un curioso utensilio para cocinar arepas artesanalmente. En el kilometro 330 de la autopista “centro occidental” nos paramos en una estación de servicio genial llamada “Las islas” un verdadero oasis, con un Burger King adentro en donde comimos, y amenidades de comidas con decoración estilo “Hot Rod” y dos Volkswagen escarabajo haciendo las veces de decoración o campana de extracción, bellamente decorados. Nos sorprendimos gratamente.

Así llegamos a Caracas, contentos, satisfechos y con el deseo de descansar para seguir a Maturín. Casi 1400kms se habían completado.

Salu2

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